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El 21 de septiembre de 1.899, nace en Briviesca (Burgos).Sus
padres, D. Froilán Moreno y Dña. Juana García,
de extracción campesina viven una profunda fe cristiana.
Fue el cuarto de Cinco hermanos.
Los dos mayores se habían ordenado sacerdotes. Y a Alejandro,
superada una grave crisis de sarampión y tomada ya la primera
eucaristía, le empuja también la misma vocación.
Ingresa en el seminario de san José, en Burgos, para cursar
Latín y Humanidades. Cuatro años después
pasa a San Jerónimo, el seminario mayor convertido ahora
en Universidad Pontificia. Destacó en los estudios con
notas sobresalientes y consiguió la licenciatura en sagrada
Teología. Ordenado el 17 de marzo de 1.923, ejerció
su sacerdocio en diversas parroquias rurales del arzobispado de
Burgos, como ecónomo de Quintanaélez y como párroco
de Quintanaureba. En esta última le sorprende la segunda
República.
El P. Alejandro fue un gran predicador evangélico.
No dejó sin usar |
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ninguno de los medios de comunicación, para vocear sus
ideales, para predicar con oportunidad o sin ella, su evangelio
de salvación y de paz. Así la prensa... Fundó
y dirigió “Praesentata”, pequeña revista
que difundía los tres ideales de su Obra,; también
publicó un crecido número de libritos y folletos
de tema mariano o eucarístico. Destacan su Catecismo de
Cristo Rey, Comunión o Comunismo, Inmaculada, o Zagalitas
de Belén, entre otras de amena lectura.
Así el púlpito... en homilías encendidas,
en ejercicios espirituales, en retiros y horas santas, de cuya
buena preparación queda constancia en sus manuscritos y
notas esquemáticas. Así el confesionario... y la
dirección de conciencias... Así la conversación
personal, donde brillaba su poder interior, su fuerza de persuasión...
Así sus largas horas de sagrario... Aún viven feligreses
de sus parroquias que recuerdan haberlo visto de rodillas ante
el sagrario, hasta altas horas de la noche.
.Su vida entera fue como una llama ardiente, una consagración
a esta tarea que le absorbía...
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Son los tres amores de su vida, las tres vertientes del carisma
que infundió a su Institución de Hermanas Presentacionistas
Parroquiales.
1) su amor tierno y filial a María, que lo llevó
a propagar su culto y amor por todas partes;
2) su afán obsesivo por la adoración al Santísimo
Sacramento;
3) su preocupación por dignificar el culto y la liturgia
en las parroquias
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